Odiaba las cucarachas, estaban por todas partes, sus padres tenían cerdos y vacas en el corral y esos asquerosos bichos proliferaban a sus anchas entre el ganado. Antes de irse a dormir, le tocaba ir de caza: miraba el suelo, las paredes, debajo de la cama y, si veía alguna, la liquidaba inmediatamente a golpe de zapatilla. Detestaba ese denso crujido al machacar cada negro insecto, pero más detestaba irse a dormir con su asquerosa compañía y darles opción a compartir su cama.
Una noche despertó súbitamente tras el sobresalto de haber escuchado un grito que, a continuación, fue seguido del inconfundible sonido de un buen zapatillazo. Después del susto inicial, sonrió al imaginarse a su hermana pequeña enarbolando su zapatilla. Claro, ella aún no había instaurado la recomendable costumbre de la caza antes del sueño.
SagrarioG
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