Alborada, tiempo de amanecer
Críticas literarias

Alborada, tiempo de amanecer

“Alborada, tiempo de amanecer” es un precioso poemario de Carmen Redondo Campos, quien nos presenta una historia versada compuesta por cuatro etapas. Esas etapas se corresponden con el alba, la aurora, el ocaso y el crepúsculo, y cada una tiene su conexión con las diferentes etapas de la vida de una persona. La autora nos invita a posicionarnos en una de esas etapas según el momento vital en que nos encontremos.

El alba sería una especie de comienzo, cuando empieza a amanecer, que es cuando los sueños y las ilusiones aún permanecen intactos. La aurora es esa luz brillante justo antes de que el sol haga su aparición, cuando lo que prevalece es el amor más puro, pero que puede conducir a experimentar sinsabores. El ocaso es cuando el sol se empieza a poner y se corresponde con esa madurez que otorgan la experiencia y las decepciones pero que, a la vez, aporta serenidad y crecimiento personal. Y el crepúsculo, que es cuando el sol ya se ha escondido por el horizonte, pero deja esa luz que da las respuestas a las dudas que nos hemos ido planteando en la vida.

Cuando todas estas fases se suceden y terminan, culmina la alborada, y este poemario va representando cada una de esas fases con poemas llenos de ilusión, de amor, de decepción, de aprendizaje, de lucha, de experiencia, etc., en definitiva, de todas esa actitudes y emociones que vamos mostrando y sintiendo en la vida.

Me encanta la última estrofa del segundo poema del libro, justo antes de que comience la alborada y que, además, Carmen declamó maravillosamente en su presentación porque, no me cansaré de decirlo, lo hace estupendamente. Dice así:

“Quiero envolverme en esta alborada,
cabalgar en su mensaje,
sentir mis dolores en calma”.

La fase de la aurora se me ha quedado algo corta, he echado de menos algún poema más de esta etapa, aunque entiendo que cada fase da de sí y evoca de manera muy personal.

Me gustaría destacar “Mientras tanto” poema del ocaso, pero, personalmente, me quedo con varios poemas del crepúsculo que me han gustado especialmente, como “Romper con la rutina”, “Sin más palabras”, “No camines” o “Crepúsculo”. Y me gustaría concluir con un verso de “Si caigo, no me verás”:

“He despertado del profundo letargo de la duda”.

Invitada a la reflexión de la autora de esta obra, sinceramente, no sabría en qué etapa posicionarme actualmente porque, todas ellas tienen cabida y sé que lo seguirán teniendo. Como conclusión, solo añadir que es una obra muy recomendable para disfrutar de una preciosa alborada de poesía y para leer en más de una ocasión.

SagrarioG
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