Susanita no tiene un ratón
Relatos cortos

Susanita no tiene un ratón

A Susana le encantaban los animales, de hecho hasta hace poco tenía claro que de mayor quería ser veterinaria, pero ese interés se había extendido también a los insectos y tanta era la curiosidad que le despertaban que ahora había decidido que sería “insectóloga”, como ella decía. Tal era su pasión, que tenía una araña en su habitación que había aparecido unos meses atrás y no permitía que nadie la sacara de allí, hasta le había puesto un nombre: Señora Tecla. Estaba entusiasmada con su compañía y cada vez que entraba en su habitación la buscaba para saludarla. Sus amigos le cantaban “Susanita no tiene un ratón, tiene una araña en un rincón” y a ella le hacía mucha gracia.

Su madre estaba preocupada, la Señora Tecla campaba a sus anchas por el techo de la habitación de su hija y las telarañas ocupaban ya unas dimensiones considerables, así que decidió hablar con ella. Le dijo que había llegado el momento de buscar otro hogar para la Señora Tecla porque a ese paso, el techo parecería el decorado de una fiesta de Halloween.

Susana no quería deshacerse de su pequeña amiga, pero entendía lo que su madre le decía, así que buscó una alternativa. Le propuso limpiar la mayor parte de las telarañas del techo, pero dejar una pequeña para que la Señora Tecla pudiera seguir allí. Al principio a su madre no le convenció la propuesta, no le hacía mucha gracia que la araña se quedara porque no le tenía especial simpatía a esa clase de bichos, pero viendo el interés que su hija mostraba por ella, decidió acceder. Además, Susana le había prometido que se encargaría de quitar las telarañas periódicamente.

Según lo acordado, Susana cogió un plumero largo y, subida en su cama, se dispuso a quitar las telarañas con sumo cuidado. Mientras las retiraba, fue consciente de la importante extensión que habían alcanzado y la lógica preocupación de su madre. Poco a poco se fue acercando al rincón donde se encontraba la Señora Tecla, así que se subió a una silla para observarla más de cerca y, por suerte, la araña apenas se movió. Vio con gran curiosidad que tenía ocho enormes patas que rodeaban un cuerpo diminuto y que tenía cuatro ojos en lugar de dos. Boquiabierta intentó localizar sus orejas, boca y nariz pero no le fue posible dar con ellas.

Tras un rato de observación de su compañera de habitación y habiendo terminado su tarea de retirada de las telarañas, se tumbó sobre la cama para pensar. Si la araña no tenía ni orejas, ni boca, ni nariz, ¿cómo oiría?, ¿cómo comería?, ¿cómo respiraría? Se conectó a Internet para buscar información y sus dudas quedaron rápidamente solucionadas, hasta descubrió que lo que ella quería ser de mayor no era “insectóloga”, sino entomóloga y que, además, la araña no era un insecto, sino un arácnido. Pero un nuevo interés se apoderó de ella al indagar sobre los oídos y las vías respiratorias y decidió que, aparte de entomóloga, de mayor también sería otorrinolaringóloga.

Cuando Susana se hizo mayor terminó descartando la entomología para estudiar medicina, especializándose en otorrinolaringología, pero siguió acogiendo nuevas Señoras Tecla en su casa.

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  1. Sagrario Sanz Barreras

    Que bonito!!!!!!! Que imaginacion

  2. Luis G A

    Me ha gustado mucho.

  3. Sue Ellen

    Mi preferido. Y ya sabes por qué… Gracias!!

  4. Rosaluz

    Nos ha encantado, a mi hija y a mi! Es Susanita!!

    • admin

      Gracias Rosaluz! Sí, Susana me inspiró esta historia. Saludos!!

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