Círculo de fuego
Relatos cortos

Círculo de fuego

Esa noche el alcohol era mi única compañía, la botella de ron parecía una prolongación de mi mano y, su veneno, el complemento ideal para incorporarse a mi sangre.

Me dirigí hacia el bosque mientras me tambaleaba más de lo que mi cabeza me permitía soportar; por suerte, el volumen de alcohol restante era el ideal para tolerar las sacudidas y no derramarse de su recipiente. Me paré en un arbusto para vomitar el excedente que mi cuerpo ya no toleraba, pero obvié sus descarados avisos volviendo a darle un trago a mi fiel amiga.

Intenté seguir caminando pero mis piernas no respondían, parecía que cada una quisiera avanzar en sentido opuesto a la otra, la dirección de mis pies delataba tal osadía, así que ese exceso de torpeza me hizo caer de rodillas al suelo. Allí, a cuatro patas, asumí que no podría recuperar la verticalidad, por lo que decidí no mostrar oposición a tan incuestionable evidencia; me dejé caer de lado y me rendí, solícito, a esa inconsciencia que había tratado de apoderarse de mí desde que agoté la mitad de la botella.

No sé cuánto tiempo habría pasado cuando mis ojos pugnaron por asomar tras unos párpados desmandados, esos que se negaban a abrirse como si de pesadas losas se tratara; pero al fin lo logré, no sin un gran esfuerzo, para divisar lo que apenas mostraba la tenue luz de la luna. Yo seguía en la misma posición en la que la consciencia me había abandonado, pero no veía la botella por ningún lado, lo que sí pude ver fue un conjunto de piedras a mi alrededor que cerraban un círculo conmigo dentro.

Intenté ponerme en pie y esta vez lo logré, pero al disponerme a andar, unas llamaradas se elevaron de las piedras circundantes encerrándome en un círculo de fuego. La altura de las llamas alcanzaba el medio metro y el calor que desprendían me obligó a replegarme al centro, allí sentí cómo el miedo se apoderaba de mí, mientras se mezclaba con los efluvios del alcohol y un bochorno acuciante. Ese miedo se transformó en pavor cuando más allá de las llamas divisé unos seres espectrales danzando a mi alrededor.

Sentí cómo el tiempo se detenía, cómo mi ser se ralentizaba, sintiéndome obligado a volver al suelo y cómo, allí tumbado, mi alma se elevaba por encima de mi cuerpo y de las llamas. Era impactante sentirme arrancado de mi recipiente físico y, desde lo alto, verme ahí tirado, inerte, experimentando una ascendencia tan ligera como perturbadora, con el sonido de fondo de unos cánticos que habrían helado la sangre en mis venas de haber mantenido mi habitual estado.

Mientras mi ascenso continuaba sabiéndome ya de camino a la otra vida, de repente, sentí una descarga que, abruptamente, me devolvió de regreso a mi cuerpo, a la vez que las voces espectrales se atenuaban como si alguien fuera bajando su volumen. Entonces volví a mi cuerpo y la inconsciencia asumió de nuevo el control.

En la habitación del hospital, el equipo médico se llevaba el desfibrilador tras reanimar con éxito al último adolescente que habían traído a urgencias con un coma etílico; una pareja le había encontrado tirado en el pinar tras el recinto ferial. Esta vez había habido suerte, pero sabían que, por desgracia, ese fin de semana de fiestas se darían más casos y desconocían si se culminarían también con un final feliz.

SagrarioG
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  1. luis Garcia

    Muy bueno, cada día te superas más.

  2. Sagrario Sanz Barreras

    Como siempre, me ha encantado, deseando leer el próximo.

  3. Juan jose Cerrato Cerrato

    B tardes, soy amigo del baile de tus padres y tambien me gusta escribir. Me encantan tus pequeñas historias y te felicito por ello. Un beso

    • admin

      Hola! Muchas gracias por tu comentario, encantada de que te gusten mis historias y que compartamos el gusto por la escritura. Saludos!

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