Sabemos que podemos cambiar
Reflexiones

¿Sabemos que podemos cambiar?

Solemos decir que la gente no cambia y que somos animales de costumbres y eso es algo real, pero ¿por qué resignarse a que así sea? Está claro que no es una tarea fácil pero si hay aspectos de nuestra forma de ser que no nos gustan, entonces ¿por qué no tratar de modificarlos?

Dedicamos gran parte de nuestra vida a recibir una educación, invertimos muchas horas en consultar múltiples fuentes que nos aportan conocimientos, cultura; en muchos casos realizamos cursos de formación para ampliar nuestros conocimientos, es decir, destinamos mucho tiempo a nuestro crecimiento personal, y en ocasiones sin demasiado agrado. Entonces, ¿por qué no invertir tiempo en analizar nuestros ataques de ira, de orgullo o nuestros miedos?, ¿por qué no detenernos a observarlos, entenderlos y darles la vuelta para convertirlos en una oportunidad de mejora y, además, intentar aprender a controlarlos? En definitiva, ¿por qué no dedicar nuestro tiempo de manera sistemática a analizar nuestra conducta cuando lo que hacemos o sentimos a menudo nos deja un amargo sabor de boca?

En ocasiones intentamos cambiar estos aspectos cuando nos damos cuenta de que suponen un problema en nuestra vida, aunque hay veces en que, lamentablemente, ni siquiera lo concebimos como algo problemático. ¿Por qué asumimos como algo normal sentir odio con frecuencia, sentirnos frustrados a menudo o pensar mal de los que nos rodean como norma general? Deberíamos plantearnos que lo que aceptamos como rasgo de nuestra personalidad, como inherente a nuestra manera de ser y que, para más inri, nos hace tremendamente infelices, no debería formar parte de nuestra vida y menos aún, con esa normalidad con la que lo aceptamos.

Hay una frase que dice “querer es poder” y seguramente todos la hayamos utilizado en algún momento de nuestra vida orientada a lograr nuestros objetivos: completar unos estudios, conseguir un trabajo, conquistar a una persona, subir una montaña… podemos aplicarla también para mejorar como personas. Si empezamos por nosotros mismos y nos paramos a pensar en por qué somos así para cambiar lo que no nos gusta, quizás sea mucho más fácil empatizar con los demás, es decir, mirar más allá de nuestras necesidades y tener en consideración las necesidades de la gente que nos rodea, les conozcamos o no.

Dejemos de ser meros espectadores de nuestra vida y participemos más activamente en ella empezando por cada pequeño momento, evitemos dejarnos llevar por nuestras emociones negativas y disfrutemos de lo que sentimos a cada instante. Por favor, no dejemos que se nos escape el tiempo como si fuera agua entre los dedos sin tratar de ser mejores personas y, por ende, mucho más felices.

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