Asesinos en potencia
Reflexiones

Asesinos en potencia

Recuerdo cuando en clase de filosofía nos hablaron de Aristóteles y la diferencia entre ser en acto y ser en potencia. A grandes rasgos, se podría decir que acto se refiere a aquello que realmente se es y, potencia, a aquello que se puede llegar a ser, por ejemplo una estudiante de psicología es, en acto, una estudiante y, en potencia, una psicóloga.

Estos conceptos me llamaron mucho la atención y creo que van como anillo al dedo al hecho de que todos somos asesinos en potencia. Quizás esta afirmación pueda resultar muy rotunda pero creo que, en el fondo, todos los seres humanos tenemos la potencialidad de ser asesinos y, desde luego, unos más que otros.

La agresividad, manifiesta o no, de las personas, está en la base de pasar de ser asesino en potencia a asesino en acto, junto con un elemento desencadenante. La cuestión es que unos tendrán más facilidad que otros para dar ese paso y, además, algunos no necesitarán ni que haya un elemento favorecedor ya que, desgraciadamente, tendrán esa predisposición. Pero habrá otros para los que ese desencadenante tendrá que ser necesariamente extremo y, a un nivel intermedio, habrá a los que no les harán falta grandes motivos para pasar al acto.

Una situación extrema en la que alguien puede pasar de un estado a otro es cuando no le queda más remedio que matar para sobrevivir o para intentar salvar a alguien que ama y se encuentra en peligro. Sin embargo, hay personas que no necesitan una situación así para dar el paso y es a este nivel en el que nuestra sociedad está favoreciendo que haya un incremento, y noticias como que una persona ha matado a otra tras una absurda discusión, se produzcan cada vez con mayor frecuencia.

En nuestra lamentable sociedad de siglo veintiuno prevalece la violencia, el maltrato, la discriminación y no se castiga al ladrón, todo lo contrario, incluso se le premia. Cada vez tenemos más casos de violencia machista, de racismo, de homofobia, la tendencia al separatismo e independentismo está a la orden del día, la clase política nos roba y nos chulea y aun así continúa en puestos de poder, y podría seguir enumerando aspectos que resaltan que nuestros tristes valores se basan en el egoísmo, la intolerancia, la falta de empatía y la falta de respeto y por ello es más probable robar que no hacerlo y se fomenta continuamente la ley del más fuerte.

La base de una sociedad tolerante y respetuosa parte de una educación en ese tipo de valores tanto en el ámbito educativo como en el ámbito familiar, pero si nuestro sistema educativo no para de sufrir recortes y es una auténtica chapuza y la conciliación laboral y familiar es prácticamente inexistente, ¿cómo vamos a inculcar a las nuevas generaciones lo que es realmente importante? No podremos sustituir a la actual calaña política y empresarial que, precisamente, es la que hace todo lo posible por mantener esta terrible situación. Así que seguiremos teniendo un país no solo cada vez más mediocre, sino con una gran horda de asesinos en potencia con mayores papeletas para serlo en acto, porque a pesar de caracterizarnos por un tremendo inmovilismo y gran facilidad para tragar toda la mierda que nos dan, cada vez habrá más estallidos de violencia de personas estresadas con resultados dramáticos, más agresiones por motivos de raza, ideología o género, y más lamentables casos como el de Alsasua.

En España es necesaria una profunda reforma en muchos ámbitos: a nivel judicial, a nivel electoral, a nivel educativo, a nivel laboral, a nivel sanitario, etc. Cuando un país necesita una reforma tan bestial y a los que están en la posición de hacerlo no les interesa porque choca con sus propios intereses, la situación es realmente grave, pero más grave es aun cuando a la mayor parte del resto de la sociedad esto le importa una mierda.

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